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Modelo · Consentimiento informado

Modelo de consentimiento informado en psicología: qué debe incluir y texto de ejemplo

Un consentimiento no es una firma que te protege: es una conversación que se documenta. Los elementos que debe contener, el texto de ejemplo sección por sección y los dos casos que casi ninguna plantilla resuelve, menores y pareja.

Qué debe incluir

  • Un consentimiento informado en psicología describe en qué consiste el tratamiento, sus límites, quién lo presta, qué se hace con los datos, cuánto cuesta y cómo se interrumpe.
  • La sección crítica no es la confidencialidad, sino sus excepciones: el consentimiento debe decir por adelantado en qué situaciones el profesional podría tener que revelar información y hasta dónde.
  • El consentimiento no es un documento que se firma una vez y se archiva: se renueva cuando cambia algo sustancial, como pasar a modalidad online, incorporar supervisión sobre el caso o modificar los honorarios.
  • En menores, quien consiente es habitualmente quien ejerce la responsabilidad parental, y se recoge además el asentimiento del propio menor de forma adaptada a su edad y madurez.
  • En terapia de pareja o de familia, el consentimiento debe fijar quién es el cliente, qué pasa con la información compartida en sesiones individuales y qué ocurre si el proceso deriva en un procedimiento judicial entre ellos.
  • Firmar un documento no sustituye a explicarlo: lo que sostiene un consentimiento informado es que el paciente pudo preguntar y entendió lo que aceptaba.

El consentimiento informado se ha convertido en un trámite: un papel que se entrega en la primera sesión, se firma sin leer y se archiva hasta que hace falta. Ese uso lo vacía de contenido, y además falla precisamente cuando se necesita, porque un paciente que no recuerda haber leído nada tampoco recuerda haber aceptado los límites de la confidencialidad.

La función real del documento es otra: dejar constancia de una conversación en la que el paciente entendió qué le propones, qué esperar, qué no puedes garantizarle y en qué circunstancias muy concretas la información que comparta podría salir de la consulta. Todo lo que aquí abajo se convierte en texto de ejemplo debería poder explicarse en voz alta en cinco minutos.

El modelo está partido en secciones para que puedas montarlo por piezas. Lo que va entre corchetes lo rellenas tú; lo que no se ajuste a tu forma de trabajar, lo cambias. Un consentimiento copiado sin adaptar describe la consulta de otro.

Antes de copiar nada

Este modelo es informativo y general. Los requisitos del consentimiento informado varían según el país, el tipo de intervención y el código deontológico de tu colegio profesional, y hay supuestos —peritajes, intervención por mandato judicial, programas institucionales— que requieren un documento específico. Adáptalo a tu normativa y a tu criterio profesional. No sustituye al asesoramiento jurídico.

Por qué el consentimiento verbal no basta, aunque sea válido

En muchos contextos asistenciales el consentimiento puede prestarse verbalmente. Su problema no es la validez, es la prueba: dentro de dos años nadie recordará qué se explicó exactamente sobre los límites de la confidencialidad. Y hay un motivo práctico añadido: escribirlo obliga a decidir. Muchos profesionales descubren al redactarlo que no tenían clara su propia política de contacto entre sesiones, ni qué harían si un juzgado les pidiera información.

El tercer motivo es el paciente: un documento claro le permite saber a qué se compromete antes de contar nada importante. La confianza se sostiene mejor cuando los límites se conocieron desde el principio y no cuando aparecieron por sorpresa. La forma que mejor funciona es un documento breve —dos páginas como mucho—, en lenguaje que un paciente en crisis pueda entender, entregado antes de la primera sesión y repasado en voz alta en sus tres puntos críticos: confidencialidad y excepciones, honorarios y cancelaciones, y derecho a interrumpir.

Los elementos que no pueden faltar

Si tu documento actual no cubre alguno de estos ocho puntos, es ahí donde conviene empezar.

  • Quién presta el servicio. Nombre, número de colegiado, colegio y contacto. Es lo que permite al paciente saber ante quién reclama y comprobar que estás habilitado para ejercer.
  • En qué consiste el tratamiento. Enfoque, duración de la sesión, frecuencia, cómo se estructura la evaluación y cuándo se revisa el plan. Sin prometer resultados ni un número cerrado de sesiones.
  • Qué puede esperar y qué no se garantiza. Que el proceso depende también de su participación, que pueden aparecer momentos de malestar al trabajar contenidos difíciles y que no cabe garantizar un resultado concreto. Es la sección que más se omite y la que más problemas evita.
  • Confidencialidad y sus excepciones. El compromiso de secreto y, con el mismo detalle, los supuestos tasados en que podría ceder. Enunciarlos al principio es lo que después permite actuar sin que el paciente lo viva como una traición.
  • Tratamiento de datos personales. Qué datos recoges, para qué, cuánto los conservas, quién más accede a ellos —una gestoría, un software de gestión— y cómo ejerce sus derechos. Sin convertirlo en un anexo ilegible.
  • Honorarios y política de cancelación. Importe, forma y momento de pago, y qué ocurre con una sesión cancelada tarde o a la que no acude. Con el plazo concreto de aviso, no con un «se ruega avisar con tiempo».
  • Grabaciones y supervisión. Si vas a grabar algo: para qué, quién lo verá, cuánto se conserva y cómo se destruye, con autorización separada. Y si el caso puede comentarse en supervisión, dilo y explica que se hace anonimizado.
  • Derecho a retirarse. Que puede interrumpir cuando quiera y sin justificarse, qué pasa con su documentación y qué le ofreces si lo deja. Un consentimiento que no puede retirarse no es consentimiento.

Texto de ejemplo, sección por sección

Redacción base para adaptar. Sustituye lo que aparece entre corchetes y ajusta el tono al tuyo: el documento tiene que sonar a ti, porque vas a tener que explicarlo en voz alta.

SecciónTexto para adaptar
1. Profesional responsable«Le atenderá [nombre y apellidos], psicólogo/a colegiado/a n.º [número] en [colegio profesional]. La consulta está en [dirección] y puede contactar en [correo] y [teléfono]. Este documento explica cómo trabajo y qué puede esperar. Léalo con calma y pregunte cualquier cosa que no quede clara antes de firmarlo.»
2. En qué consiste el tratamiento«Le propongo un proceso de psicoterapia de orientación [enfoque], en sesiones de [50] minutos con frecuencia inicial [semanal]. Las primeras [dos o tres] sesiones son de evaluación: al terminarlas le explicaré cómo entiendo su situación, qué objetivos propongo y qué duración estimo. Revisaremos ese plan juntos cada [ocho] sesiones.»
3. Qué puede esperar«La psicoterapia es un trabajo conjunto y sus resultados dependen también de lo que ocurra fuera de la consulta. Por eso no es posible garantizar un resultado concreto ni un número exacto de sesiones. Pueden aparecer momentos de malestar al abordar contenidos difíciles; es esperable y lo trabajaremos en sesión. Si considero que su caso requiere otro tipo de atención, se lo diré y le propondré una derivación.»
4. Confidencialidad«Todo lo que ocurre en las sesiones está protegido por el secreto profesional. No comentaré con nadie que usted es paciente mío, ni el contenido de lo que trabajemos, salvo que usted me autorice por escrito o se dé alguna de las situaciones excepcionales que se describen a continuación.»
5. Límites de la confidencialidad«El secreto profesional puede ceder en situaciones excepcionales y tasadas: cuando usted lo autorice expresamente; cuando exista un riesgo grave e inminente para su vida o integridad o la de otra persona; cuando aparezcan indicios de maltrato o desprotección de un menor o de una persona en situación de especial vulnerabilidad; y cuando una autoridad judicial requiera información, en cuyo caso aportaré únicamente lo pertinente al objeto del procedimiento. Si llega a darse alguno de estos supuestos, se lo comunicaré siempre que sea posible y le explicaré qué información se ha revelado y a quién.»
6. Datos personales«Para atenderle recojo datos personales y de salud, que uso solo para prestarle atención psicológica, cumplir mis obligaciones de documentación clínica y gestionar la facturación. Su historia clínica se conserva durante el plazo que exige la normativa aplicable y después se destruye de forma segura. Guardo la información en [medio o herramienta], con acceso restringido. Los proveedores que puedan acceder a sus datos por razones técnicas están vinculados por un contrato que les obliga a la misma confidencialidad. Puede ejercer sus derechos escribiendo a [correo].»
7. Honorarios y pagos«El precio de la sesión es de [importe] y se abona [al finalizar cada sesión / por transferencia antes de la sesión / mensualmente]. Emitiré factura de cada pago. Cualquier cambio de tarifa se le comunicará con [un mes] de antelación y no se aplicará a sesiones ya acordadas.»
8. Cancelaciones y ausencias«Si necesita cancelar o cambiar una cita, avíseme con al menos [24/48] horas de antelación y la moveremos sin coste. Las cancelaciones con menos aviso y las ausencias sin avisar se abonan íntegramente, porque el horario queda reservado para usted y no puede ofrecerse a otra persona. Si surge una urgencia imprevista, hablémoslo: esta política existe para proteger el encuadre, no para penalizar imprevistos reales.»
9. Grabaciones«No grabo las sesiones. Si alguna vez propusiera grabar una con una finalidad concreta —revisar una intervención en supervisión, por ejemplo—, le pediría autorización específica por escrito, le explicaría quién accedería a la grabación, cuánto se conservaría y cuándo se destruiría, y podría negarse sin que afectara a su tratamiento.»
10. Supervisión«Como parte de la buena práctica profesional, comento casos en supervisión clínica con [otro/a profesional / un grupo de supervisión] sujeto también al secreto profesional. En esas sesiones no se utiliza su nombre ni ningún dato que permita identificarle.»
11. Derecho a retirarse«Puede interrumpir el tratamiento en cualquier momento y sin justificarlo. Le agradecería dedicar una última sesión a cerrar el proceso, porque es útil clínicamente, pero es una propuesta, no una condición. Si lo desea, puedo facilitarle un informe o proponerle una derivación. Su documentación clínica se conservará el tiempo que exija la normativa aunque el tratamiento haya terminado.»
12. Firma«He leído este documento, he podido preguntar lo que necesitaba y entiendo lo que se me explica. Doy mi consentimiento para iniciar el tratamiento en estas condiciones. Nombre, DNI o documento equivalente, fecha y firma del paciente. Nombre, número de colegiado, fecha y firma del profesional. Se entrega copia al paciente.»

Dos páginas es un buen límite. Si tu documento pasa de cuatro, probablemente estés protegiéndote a ti en lugar de informar al paciente.

Los límites de la confidencialidad: la sección que decide todo lo demás

Si solo puedes trabajar bien una sección, que sea esta. El secreto profesional no es absoluto en ningún país: cede en supuestos concretos, y el momento de explicarlos es antes de que ocurran, no cuando ya estás valorando si tienes que actuar. Los que suelen recogerse son cuatro: la autorización del paciente; el riesgo grave e inminente para su vida o integridad o la de un tercero; los indicios de maltrato o desprotección de un menor o de una persona especialmente vulnerable; y el requerimiento judicial, que se atiende aportando lo pertinente al procedimiento y no el expediente entero.

Escríbelos con verbos concretos. «Podría verse obligado a informar» es peor que «le comunicaré que voy a hacerlo y le explicaré qué información se ha revelado»: lo segundo describe una conducta que el paciente puede anticipar, lo primero solo genera desconfianza. Y añade siempre lo que vas a hacer tú —informarle salvo impedimento legal, revelar lo mínimo imprescindible y dejar constancia motivada en la historia clínica—, que es lo que convierte una cláusula en una práctica.

Datos personales sin convertirlo en un anexo ilegible

La tentación es pegar un texto largo de protección de datos al final. Suele ser contraproducente: nadie lo lee y confunde dos cosas distintas —el consentimiento al tratamiento psicológico y la información sobre el tratamiento de datos—, que a menudo ni siquiera se apoyan en la misma base jurídica. Funciona mejor un párrafo corto y honesto dentro del consentimiento y, si hace falta, una hoja aparte con el detalle: lo exigible es que la información sea clara y accesible, no que sea larga.

Un punto que casi ninguna plantilla incluye y que los pacientes agradecen: nombrar a los terceros que pueden acceder a sus datos —el software donde vive la historia clínica, la plataforma de videollamada, la gestoría—. Decirlo genera menos desconfianza que descubrirlo después, y te obliga a comprobar que tienes firmado con cada uno el contrato correspondiente.

Si trabajas en España, el marco es el RGPD y la LOPDGDD, con una particularidad importante: para la historia clínica tu base jurídica no suele ser el consentimiento, sino la asistencia sanitaria. Pedir consentimiento para lo que ya te ampara la ley crea el problema de qué hacer cuando el paciente lo retira.

Menores: quién consiente y qué es el asentimiento

En psicología infantil y juvenil hay dos figuras que no conviene mezclar. El consentimiento lo presta quien ejerce la responsabilidad parental o la tutela. El asentimiento lo presta el propio menor: consiste en explicarle en lenguaje adecuado a su edad qué vais a hacer, para qué, qué se hablará con sus padres y qué no, y preguntarle si está de acuerdo. No sustituye al consentimiento de los adultos, pero es una condición práctica del trabajo, y documentarlo cuesta una línea en la historia clínica.

El punto que más conflictos genera es el alcance de lo que se comparte con la familia. Quienes ejercen la responsabilidad parental tienen derecho a información sobre el proceso, pero eso no es un relato literal de lo que el menor cuenta. Acuérdalo por escrito desde el principio: se informa de la evolución, los objetivos y las recomendaciones, no del contenido concreto de cada sesión, salvo en las situaciones de riesgo que también se explican al menor.

En parentalidad compartida, recaba el consentimiento de ambos progenitores salvo que exista una resolución que atribuya la decisión a uno solo, y pide copia de esa resolución si se invoca. Empezar un tratamiento con la firma de uno solo, en una separación conflictiva, es una de las fuentes de reclamación más frecuentes en consulta infantil. Añade también qué ocurre cuando el menor alcanza la mayoría de edad: quién accede desde entonces a la información y cómo se conserva el expediente, que en menores suele extenderse más allá del plazo ordinario.

Terapia de pareja y de familia: un consentimiento distinto

El consentimiento individual no sirve tal cual para una pareja, porque cambia la pregunta básica: quién es el cliente. En terapia de pareja lo habitual es que lo sea la relación, y eso obliga a escribir tres cosas antes de empezar.

La primera es el secreto entre los miembros. Hay dos políticas defendibles y ninguna intermedia: o lo que se cuenta en sesión individual puede llevarse a la conjunta a criterio del terapeuta, o nada de lo individual se traslada sin permiso. Elige una, escríbela y explícala el primer día. La segunda es la documentación: cómo se registra el proceso, quién puede pedir acceso a qué y qué ocurre si uno solo solicita un informe, que no puede emitirse como si describiera únicamente su parte.

La tercera es el escenario judicial. Si la pareja acaba en un procedimiento de separación o custodia, es previsible que alguien pida un informe o tu testimonio. Escribir desde el principio que no emitirás informes de parte ni actuarás como perito entre ellos —tu papel es asistencial y ambos son tus pacientes— evita una situación muy incómoda. En terapia familiar, añade quién firma cuando hay menores implicados y cómo se gestionan las sesiones a las que solo acude parte del sistema.

Cómo se firma, se archiva y se renueva

El ciclo de vida del documento importa tanto como su contenido. Un consentimiento perfecto que nadie encuentra al cabo de dos años no cumple su función.

  1. 1Entrégalo antes de la primera sesión. Enviarlo con la confirmación de la cita da tiempo a leerlo y convierte la firma en una decisión, no en un trámite entre la puerta y el sofá.
  2. 2Repasa en voz alta los tres puntos críticos. Límites de la confidencialidad, política de cancelación y derecho a interrumpir. Dos minutos. Es lo que sostiene que hubo información y no solo entrega de un papel.
  3. 3Registra la firma en la historia clínica. Fecha, versión y soporte. Un consentimiento firmado que no consta en el expediente, en la práctica no existe.
  4. 4Entrega copia al paciente. Siempre, en un formato que pueda conservar. Un documento que solo tiene una de las partes protege a esa parte.
  5. 5Versiona el documento. Fecha y número de versión en el pie. Cuando cambies la política de cancelación o la herramienta donde guardas los datos, sabrás qué firmó cada paciente.
  6. 6Renueva cuando cambie algo sustancial. Pasar a online, incorporar a otro profesional, empezar a grabar o modificar honorarios. No hace falta rehacerlo: basta un anexo firmado con el cambio.

Un consentimiento que informa frente a uno que solo cubre al profesional

Sirve como lista de revisión rápida del documento que estés usando ahora mismo.

Señales de que funciona

  • Cabe en dos páginas y se entiende sin diccionario
  • Las excepciones a la confidencialidad están enumeradas una por una
  • Dice qué harás tú cuando se dé una de esas excepciones
  • El plazo de aviso para cancelar es un número, no «con antelación»
  • Nombra a los terceros que pueden acceder a los datos
  • Tiene fecha y número de versión en el pie
  • El paciente se lleva una copia

Señales de alarma

  • Empieza con dos párrafos de citas normativas
  • Promete resultados o un número cerrado de sesiones
  • Despacha la confidencialidad con «salvo obligación legal»
  • Mezcla en un solo bloque el consentimiento al tratamiento y el de datos
  • No dice nada sobre supervisión ni sobre grabaciones
  • Es el mismo documento para adultos, menores y parejas
  • Se firma después de la primera sesión, cuando el paciente ya ha contado lo importante

Preguntas frecuentes

¿Es obligatorio el consentimiento informado por escrito en psicología?+

Depende del país y del tipo de intervención: en bastantes contextos asistenciales el consentimiento puede ser verbal, y la forma escrita se exige en supuestos concretos. Al margen de la obligación formal, la forma escrita es la recomendación general de los códigos deontológicos y la única que deja constancia de qué se explicó. Consulta la normativa de tu país y las guías de tu colegio profesional para tu caso concreto.

¿Cada cuánto hay que renovar el consentimiento informado?+

No hay un plazo fijo. Se renueva cuando cambia algo sustancial: la modalidad de las sesiones, los honorarios, la incorporación de otro profesional al caso, el inicio de grabaciones o un cambio importante en el plan de tratamiento. En procesos largos, muchos profesionales lo revisan una vez al año aprovechando la revisión de objetivos. No hace falta rehacer el documento entero: un anexo firmado con el cambio es suficiente.

¿Qué pasa si el paciente se niega a firmar?+

Lo primero es preguntar por qué: a menudo la negativa señala una duda concreta sobre la confidencialidad o sobre el pago que se resuelve hablando. Si aun así no firma, tienes que valorar si puedes iniciar el tratamiento y en qué condiciones, y en todo caso dejar constancia en la historia clínica de que la información se dio, de la negativa y de la decisión que tomaste. Un paciente que rechaza informarse es una situación clínica, no solo administrativa.

¿Puedo usar el mismo consentimiento para sesiones online?+

No del todo. La modalidad online añade información específica: qué plataforma se usa, qué condiciones mínimas necesita el paciente, qué se hace si se corta la conexión, cómo se garantiza la privacidad en ambos extremos y qué protocolo hay si surge una urgencia y el paciente está en otra ciudad o país. Lo habitual es mantener el documento base y añadir un anexo de telepsicología firmado antes de la primera sesión online.

¿Quién firma el consentimiento cuando el paciente es menor de edad?+

Habitualmente quien ejerce la responsabilidad parental o la tutela, y en parentalidad compartida lo prudente es recabar la firma de ambos progenitores salvo que exista una resolución que atribuya la decisión a uno solo. Además se recoge el asentimiento del menor, explicándole en un lenguaje adecuado a su edad qué se va a hacer y qué se compartirá con su familia. El detalle de la edad a partir de la cual el propio menor puede consentir varía por país.

¿Tengo que decirle al paciente que comento su caso en supervisión?+

Sí, y es mejor decirlo en el consentimiento que sobre la marcha. La supervisión clínica es buena práctica, pero no es una excepción al secreto profesional: exige anonimizar previamente el caso, sin nombre y sin datos que permitan identificar a la persona. Si el caso es tan singular que la anonimización no basta, entonces sí hace falta el consentimiento específico del paciente.

¿El consentimiento informado me protege ante una reclamación?+

Ayuda, pero no es un escudo. Lo que se valora no es la existencia de una firma, sino que la información fuera suficiente, comprensible y previa, y que la actuación profesional se ajustara a lo explicado. Un documento genérico firmado deprisa aporta poco; uno adaptado, entregado con antelación, explicado y registrado en la historia clínica aporta bastante más. Lo que nunca sustituye es a la buena praxis.

¿Necesito un consentimiento distinto para terapia de pareja?+

Sí. El documento individual no resuelve las tres cuestiones propias del formato: quién es el cliente, qué pasa con lo que se cuenta en sesiones individuales y qué harás si el proceso deriva en un procedimiento judicial entre ellos. Firman ambos miembros, y conviene incluir expresamente que no emitirás informes de parte ni actuarás como perito en un litigio entre tus dos pacientes.

Fuentes

Última revisión: 2 de septiembre de 2026. Esta página es contenido informativo y no sustituye al asesoramiento jurídico o fiscal profesional.

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